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EL pasado que Cameron Diaz que quiere olvidar…

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20 Sep.(InfoBae).- Dicen que en las redacciones de Hollywood en el top five de “actrices que amamos entrevistar” figuraba la bonita Cameron Díaz. Es que la muchacha con ojos de cielo y cuerpo de infierno era garantía de pasarla bien en cualquier nota. Los periodistas la querían no solo por su belleza evidente, también por una personalidad entre dulce y pícara, elegante y guarra, celebridad y vecina de al lado que la convertían en una criatura sencillamente adorable.

Cameron solía empezar sus entrevistas sentada como una lady y sonriendo como una diosa, pero cuando lo esperable era que realizara declaraciones acerca del maravilloso reto que representó su último trabajo, el honor que fue trabajar con tal director y lo compenetrada que vivió tal escena, la actriz largaba una risotada, lanzaba un insulto o sencillamente eructaba más como ebrio en un bar de cuarta que como una celebridad del Primer Mundo.

En la misma charla, la rubia podía pasar de contar su infancia solitaria -aprendió a usar el lavarropas a los cuatro años porque sus padres pasaban mucho tiempo fuera de casa- contar un chiste que haría enrojecer a Jorge Corona a declarar sincera que su comida favorita no era el sushi sino la miga de pan frita. Cierta vez un periodista con más ínfulas de inteligente que inteligencia, le preguntó cuál era su idea de tortura. Cameron hizo silencio, puso cara de solemnidad para luego responder que la peor tortura que se podía imaginar consistía en ser atada a una silla y obligada a escuchar canciones de Mariah Carey durante toda la eternidad.

Fue esta combinación de princesa y guarra que hizo que cuando le ofrecieran representar una de las escenas más escatológicas del cine actual, lejos de escandalizarse a ella le pareciera una genialidad. El que vio Locos por Mary ya sabe a qué nos referimos. Su personaje se encuentra con el de Ben Affleck y se pasa por su flequillo un líquido pegajoso que cree es un fijador y en realidad es semen. Al leer el guión su agente le dijo que estaba loca, que todos se reirían de ella (y no con ella, obvio) y que si aceptaba la despediría. Pero Cameron desoyó sus consejos y esos minutos de pantalla se convirtieron en risa y leyenda.

Solo una persona como Cameron Diaz, muy segura y con una capacidad infinita de reírse de sí misma puede afrontar el ridículo en pantalla y no solo salir airosa sino lograr que todos amen amarla.

En La boda de mi mejor amigo logró opacar a la mismísima Julia Roberts. En una escena canta de un modo tan desentonado que hace parecer afinada a Iliana Calabró y sin embargo, al terminar la película el espectador no puede menos que felicitar al protagonista porque se quedó con ella y no con la hermosa pero también insoportable Julia Roberts.

En el cable suelen pasar Malas enseñanzas donde encarna a una profesora de inglés que es la definición de todo lo que está mal. Insulta a los estudiantes, toma alcohol hasta emborracharse, fuma marihuana y su clase ideal consiste en dormir mientras sus alumnos ven una película más espantosa que didáctica. Lejos del profesor rupturista pero comprometido con los alumnos como Merlí o la maestra con vida turbulenta pero comprometida con la escuela como Rita, la docente de Cameron desmitifica el rol y el mundo escolar. Pero ella otra vez logra dar “vuelta la taba” y un personaje creado para ser detestado no deja de ser encantador, tanto que uno termina diciendo “bué, no sería tan malo que fuera maestra de mis hijos”.

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